No es que Heart of the Wyrdwood no me haya gustado, es un libro más que disfrutable para cualquier seguidor de la fantasía un tanto weird pero el problema que me he encontrado al leerlo era que las dos primeras entregas de la saga eran excepcionales en sí mismas y quizá R.J. Barker no ha sabido finalizar la historia con todo el esplendor que ansiaba. Algo parecido a las sensaciones que me provocó The Fury of the Gods de John Gwynne, si bien no tan acusado.
A lo largo de la trilogía el foco del protagonismo ha ido pasando de Cahan Du Nahare a un reparto más coral, algo que quizá se nota de manera más acusada en Heart of the Wyrdwood donde otros personajes han de hacerse con todo el escenario ante su ausencia. Si bien hay personajes que ocupan ese espacio sin problema y de manera sobrada, no es menos ciertos que algunos adolecen de ese empaque necesario para llevar sobre sus hombros la narración. Es por esto que la novela tiene partes bastante desiguales, de un interés variable. No se puede negar que en el clímax final todos estos pequeños hilos que han ido tejiendo la urdimbre de la saga tienen su lugar y su importancia, pero quizá quede en el debe del autor haberlos dotado de mayor relevancia en los principios de la historia.
Tiene mucha relevancia el relato de cómo se puede pervertir hasta el más bello de los regalos si lo reciben las manos inadecuadas. Es una narración bastante emocional, con grandes sacrificios de esos que se cantan en las epopeyas más ambiciosas, como ambicioso es el alcance que Barker quería alcanzar. El final de la lectura es tenso, aspiras a que “los buenos” ganen, pero realmente sabes que de ahí no va a salir la gente muy bien librada, es lo que tienen los dioses destructivos que quieren empezarlo todo de nuevo, que buscan tabula rasa le pese a quien le pese.
Me parece especialmente importante la historia de redención de Sorha, que pasa de ser un villano casi de manual a desempeñar un papel fundamental en la salvación del bosque. Barker lo clava con su personalidad y su evolución, pero no consigue llegar a la misma altura con el resto de personajes. Y es una pena, porque el control de la prosa del autor va mejorando con cada libro que le conozco, pero no consigue mantener el ritmo al mismo nivel. Espero con curiosidad Mortedant’s Peril, a ver con qué nos sorprende esta vez.



