¡Universo 2!

Sabía que iba a disfrutar muchísimo con la segunda entrega de esta serie de Albert Monteys, sobre todo porque son cómics de ciencia ficción escritos y dibujados por alguien que ama el género y eso se nota muchísimo. Lo primero que me ha sorprendido es que cambia totalmente aquello que esperaba, sobre todo con el primer tercio del recopilatorio, lleno de ideas cortas que funcionan bien con una sola viñeta o unas pocas a lo sumo. Son un entrante perfecto para los otros dos números recopilados en este volumen, aunque el nivel es desigual, porque algunos destacan más que otros, en general, son una lectura rápida y agradable. Depende de tu bagaje como lector de ciencia ficción que te sorprenda algo más o menos cada historia, pero también me parece remarcable el pequeño hilo conductor con el que une algunos de los relatos.

En cuanto a “Explicando historias en la colonia perdida de Kepler-36” es sumamente original cómo aplica los giros de guion (guiño, guiño, codazo, codazo) a una historia que nos llevará por derroteros inesperados. La explicación de la pistola de Chejov es una forma estupenda de que el lector pueda atisbar de qué va el relato, pero también maneja otros términos con soltura, metiéndolos de una forma natural en el diálogo, como cuando preguntan por la salud de una personaje e indican que está llegando al tercer acto o la sutil (o no tan sutil) mención a la cuarta pared.

La última historieta recopilada, “701”, me parece sencillamente magistral. Me resulta dificilísimo entender cómo narrar sin usar una sola línea de diálogo, pero ahí está Monteys para contarnos una historia completa solo con imágenes, con un dinamismo y una expresividad que recuerda a Lucas Varela y su El humano o El día más largo del futuro, pero con mucho más colorido y un dibujo algo más recargado. Y una viñeta final que es una puñalada en el corazón del lector.

Si ya habíais leído ¡Universo! no me cabe duda de que disfrutaréis con esta segunda entrega, y si no, mejor todavía, porque os quedan dos obras estupendas por descubrir.

Breath of the Dragon

Sentía mucha curiosidad por Breath of the Dragon, la primera colaboración entre Shannon y Fonda Lee. Fonda no necesita presentación en este blog, donde leemos religiosamente cada nueva publicación suya, pero que se haya asociado con la hija de Bruce Lee para escribir una novela juvenil, tras las últimas colaboraciones que han pasado por aquí, nos dejaba una sombra de duda.

El libro cumple con lo esperado, un maremágnum de enfrentamientos marciales al que solo le faltaba el locutor rubio de Bola de Dragón, aliñado con algo de fantasía. En este sentido, nos encontramos ante un libro bastante convencional, si bien escrito con oficio y entretenido, que ya es algo de agradecer.

El comienzo de la novela, con la separación de dos hermanos gemelos a los que solo diferencia la marca del dragón ya hace pensar que nos encontraremos ante una historia de rito de iniciación, ante un nuevo viaje del héroe que cumplirá los pasos ya establecidos. Y, si bien es cierto que esto sucede, al menos el viaje está aderezado con muchas escenas de acción muy pero que muy bien narradas y un trasfondo político que se irá revelando como relevante con el transcurso de la lectura. No deja de ser cierto que muchas de las tramas (el triángulo amoroso, el ciego que parece que ve más que los demás, el malvado superior en combate a todos los demás…) están bastante diluidas en su complejidad, no sé si para no complicar en exceso la trama por el público al que va dirigida o porque se guardan lo mejor para la siguiente y última entrega, aunque apostaría por lo primero.

Tampoco quería dejar de destacar el barniz filosófico que baña todas las páginas, donde creo que se nota mucho la influencia de Shannon y la escuela de pensamiento de su padre.

En resumen, Breath of the Dragon es un pasatiempos entretenido, que gustará bastante a los amantes de las artes marciales y que probablemente sea un éxito de ventas tanto por sus autoras como por su dinamismo a la hora de narrar combates.

Titanchild

La Talon Duology tuvo un comienzo fulgurante con Talonsister y la verdad es que Titanchild mantiene el nivel, aunque vuelvo a decir que nos encontramos ante un tocho de proporciones épicas, con 24 horas de audio a cargo de Jot Davies.

No cabe duda de que Jen Williams es una amante de la historia y el folklore británicos, ya que toda la saga está repleta de referencias al mito artúrico y colindantes, resultando en una mezcla bastante sorprendente. Aunque los nombres nos pueden sonar, cómo actúan y cómo juega la autora con los personajes no tiene nada que ver con lo que conocemos. Un poco como cuando Lavie Tidhar convirtió a Arturo en traficante de drogas, pero más en consonancia con la historia épica que se desarrolla en las dos novelas.

Temporalmente la novela se sitúa un par de años después de la anterior. Los Othanim han conquistado Brittletain y su líder, Icaraine, tiene siniestros planes para todo ser viviente. Las demás voces del libro anterior siguen aquí presentes, aunque cada uno bastante ofuscado en sus propias búsquedas, sin tener muy en cuenta el conflicto global que afecta a todos de manera dramática. La interacción entre las distintas líneas, por lo tanto, no sucede hasta que el libro está bastante avanzado. Esto no es necesariamente malo, pero es cierto que puede llegar a haber algunos problemas de ritmo con las transiciones entre los distintos puntos de vista.

La labor de Jot Davies narrando el audiolibro vuelve a ser excepcional, si bien algo histriónico en la representación de Icaraine, por ejemplo. Pero es que si no, ¿cómo das voz a semejante villana, que va a alimentar a su progenie con los huesos de sus enemigos para facilitar su metamorfosis? Por cierto, me resulta muy curioso que en el audiolibro, que es en versión digital descargable, se haya mantenido la locución de final del primer CD de audio. Supongo que será un error.

La historia de sororidad a la que hacía referencia en la anterior reseña continúa entre los personajes femeninos, hermanadas más por su pasado común que por lazos de sangre, pero que mantienen una red de apoyo y comprensión mutua envidiable.

Me llama la atención que la desaparición de un personaje pivotal en la historia se comente prácticamente en una nota a pie de página, como queriendo restarle importancia o convertir en un justo castigo la irrelevancia de sus actos en el largo plazo.

En general, Titanchild es un libro muy unido a Talonsister tanto que recomendaría leerlos seguidos en la medida de lo posible. Una saga que ojalá viera la luz en España, pero que con las dimensiones que manejamos quizá no sea posible.

The Outcast Mage

En una de las últimas entrevistas que hice para Tryperion, concretamente a Ian Green, nos recomendó encarecidamente la lectura de The Outcast Mage, la primera novela de Annabel Campbell. Así que, ni corta ni perezosa me puse a leerla en cuanto tuve oportunidad.

Lo primero que te encuentras cuando empiezas a leer es que no hay explicaciones (es cierto que el libro trae un glosario al final pero… ¿quién se lee el glosario ANTES que el libro?) y en el que cuesta un poquito aterrizar, pues tiene varios puntos de vista variados. Soslayando este escollo que puede descolocar un poco, nos encontramos con una fantasía bastante tradicional, con una de las protagonistas siguiendo el camino del héroe campbelliano (pero el de Joseph), otro siendo el mago más poderoso de su generación pero sumido en dudas sobre el uso de su poder, un monje enviado desde un reino lejano que no comulga con la cultura del lugar y en general, personajes bastante arquetípicos. ¿Qué se puede destacar entonces del libro? Pues que lo que hace, lo hace bastante bien.

Hay un corriente subyacente de racismo en la ciudad de Amoria, el único lugar donde conviven magos y no magos en un equilibrio bastante tenso, que amenaza con quebrarse desde el interior y esta tensión interna está reflejada de una manera clara y concisa. Si bien es cierto que las intrigas políticas no son de lo más sutil que nos hayamos podido encontrar en la fantasía, no es menos verdad que hay unos cuantos giros en la trama muy bien traídos y el sistema mágico que en principio parece bastante nebuloso se empieza a aclarar conforme avanza la lectura, sin llegar a ser perceptiblemente nítidamente porque algo habrá que guardarse para los siguientes volúmenes, digo yo.

Es bastante original que la propia ciudad de Amoria esté totalmente cubierta por cristal. Es un detalle que puede parecer que no tiene relevancia, pero se especula bastante sobre los orígenes mágicos de la propia urbe y es una manera indirecta de indicarnos que se ha perdido mucho conocimiento sobre la magia antigua, lo cual da pie a Annabel Campbell para introducir poco a poco los conceptos de la magia y el ánima, inextricablemente unidos.

No se trata de un libro corto y no le hubiera venido mal algo de tijera en la parte de dark academy del principio, que me parece bastante circunstancial y que no aporta demasiado a la obra, pero es cierto que en el último tercio del libro, cuando se acelera la narración, es difícil dejar de leer, pues empiezan las revelaciones, las batallas y la magia corre a raudales. Me parece un muy buen libro para ser una primera novela y un gran comienzo de trilogía, saga o lo que sea menester. Le seguiré los pasos a Annabel Campbell.

The Gods Below

Aunque la saga de The Drowning Empire tuvo sus altibajos, confirmó a Andrea Stewart como una autora a la que seguir, de forma que cuando se anunció The Gods Below, la marqué como lectura futurible. Y aunque la premisa del mundo que propone la autora llama la atención, lo cierto es que como primera entrega de una trilogía la obra no acaba de despegar.

Stewart vuelve a utilizar distintos puntos de vista para contarnos su historia y ahora también varía el marco temporal de su relato. Veremos por una parte el presente de la historia y de vez en cuando lo que aconteció en el pasado, que puede haber llevado al mundo a la situación actual. Se podría definir The Gods Below como fantasía ecológica ya que una gran parte del mensaje subyacente que nos hace llegar la autora chino-americana, sin ir más lejos el comienzo del libro nos habla de una catástrofe “natural” por sobreexplotación de recursos y la máxima amenaza para los habitantes del presente es la restauración mágica (ni la del Ecce Homo de Borja) de los distintos reinos que provoca la desaparición o el cambio brutal de los afectados. Por ahí y por la idea de un mundo mágico subterráneo me podría haber ganado, pero es que en general la historia se siente plana, los personajes no tienen profundidad y la resolución de los misterios tampoco es muy convincente.

Dos hermanas separadas por una catástrofe tras haber sufrido una vida de penurias deberían resultar conmovedoras como para llevar la carga emocional del volumen, pero no es así. Creo que se podría haber trabajado mucho más en el desarrollo de los personajes, no solo de las hermanas Hakara y Rasha si no de todo el compendio que ha creado Stewart.

En cuanto al sistema mágico, lo siento pero el hecho de tener que aguantar la respiración para obtener los beneficios de las piedras mágicas me ha recordado tanto a las fuerzas especiales de Freezer que no podía quitármelas de la cabeza. Podía haber sido interesante también la idea de la cacería de dioses que llevan a cabo los “cambiados”, pero tampoco es que tenga mucha incidencia en el relato. La lectura se me hizo pesada por momentos, aunque los puntos de vista de los personajes están bastante equilibrados en cuanto a interés y número de páginas, más de quinientas, a todas luces demasiadas, incluso aunque algunas de ellas se regodeen en un battle royal arquetípico para decidir quiénes serán los próximos asesinos de dioses.

No sé cuántos volúmenes hay previstos de la serie The Hollow Covenant, pero la cosa tendrá que cambiar bastante para que continúe con ellos.

The Spellshop

Si algún día les da por publicar un diccionario visual donde a cada género y subgénero de la literatura les pusieran una cubierta de un libro que siga todas las reglas del canon, no me cabe duda de que The Spellshop estaría entre los primeros de la lista para la fantasía cozy. Y es que lo tiene todo, un poquito de magia, romance, secundarios graciosos, un pequeño conflicto y malentendidos…

La protagonista es Kiela, una bibliotecaria que es feliz entre sus tomos antiguos, donde no tiene que lidiar con gente, ayudada por su asistente Caz, una planta-araña sintiente (ya he dicho que había magia). Pero todas sus perspectivas de un futuro igual de tranquilo que el presente se verán desbaratadas cuando la revolución llega a su ciudad y la biblioteca es pasto de las llamas. Kiela se verá obligada a huir a su antigua casa, en una recóndita isla, con la única compañía de Caz y los libros que ha conseguido salvar de la quema, aunque estos compendios mágicos no deberían haber salido nunca de allí, porque la magia está muy controlada fuera de los ámbitos académicos y la sola posesión de un tomo podría llevarla a la cárcel.

Kiela ha tenido una vida muy protegida siempre, así que tener que buscarse la vida para sobrevivir, prepararse la comida, limpiar la antigua casa de sus padres, le caerá encima como una ducha de agua fría en pleno invierno. Menos mal que allí estarán sus amables vecinos, que la recuerdan de cuando era pequeña, en especial su muy atractivo y servicial vecino de al lado, que se desvivirá por hacerle la vida más fácil (ya he dicho que había romance).

Los humanos de The Spellshop no dejan de ser bastante corrientes pero creo que uno de los puntos fuertes del libro son las criaturas fantásticas que pueblan todos los lugares, sacadas de cualquier compendio feérico que se precie, pero maravillosamente descritas y “humanizadas”, si me permitís el término. Centauros, dríadas, hipocampos… hay para elegir.

Me gusta especialmente la interacción de Kiela con Caz y con otro personaje que surgirá a lo largo de la lectura, Meep, que es simplemente enternecedor (ya he dicho que había secundarios graciosos). No es menos cierto que la historia es bastante lineal y la profundidad de los personajes tiende asintóticamente a cero, pero aquí hemos venido a que nos calienten el corazón y no cabe duda de que Sarah Beth Dust lo consigue de pleno con su primera novela.

Like Thunder

Había dejado colgada la duología The Desert Magician de Nnedi Okorafor, a pesar de que la primera entrega me había gustado bastante. He de decir que aunque Like Thunder recoge muchos de los temas en los que se basaba Shadow Speaker, me ha parecido una obra menos redonda que la anterior. Probablemente sea debido al cambio de protagonista o quizá a que ya no sorprenden tanto ni el escenario postapocalíptico ni los poderes de los “cambiados”.

La elección de un relato oral para narrar la historia me parece todo un acierto por parte de la autora, respetando las milenarias tradiciones de transmisión de conocimiento a través del habla. Resulta un poco “raro” escuchar un audiolibro en el que se explicita que esto es una transcripción escrita de una grabación de voz, pero son minucias. La voz de Dikéogu es bastante personal y comienza su historia cuando sus padres, famosos nigerianos, se deshacen de él por ser un stormbringer. La sensación de rechazo por parte de su familia es de vital importancia en el desarrollo del personaje, que crecerá obsesionado por este abandono.

Resulta de especial importancia el tratamiento que Okorafor hace del genocidio que pretende llevar a cabo Ginen (a quien ya conocimos en el libro anterior), que se pospuso con la tregua de tres años con la que finalizó Shadow Speaker y que ahora está cercana a su conclusión. Primero nos prepara el cuerpo con el sufrimiento de cientos de niños esclavos en las plantaciones de cacao y luego remata con los planes para acabar con los humanos en la Tierra, que no parecen tan descabellados cuando se compara con la crueldad extrema de la que somos capaces.

Se me hace un poco raro que se haya escogido a la misma narradora del primer audiolibro, Délé Ogundiran, para este segundo, que se supone que está grabado por un hombre. No obstante, su labor es impecable.

Like Thunder es un libro movido por la rabia, de la que se alimentan todos sus personajes. Y aunque se catalogue como juvenil, probablemente por la edad de sus protagonistas, lo cierto es que nos encontramos ante un libro sobre el que se puede reflexionar a cualquier edad.

Swordcrossed

Me gustó muchísimo la trilogía The Last Binding de Freya Marske, así que cuando se anunció la publicación de Swordcrossed no tardé en hacerme con ella. Sin embargo, no me ha terminado de convencer. Es un romantasy, como sus novelas anteriores, pero en esta ocasión la parte de romance se come prácticamente en su totalidad a la parte de fantasía, algo que me resulta menos atractivo.

Aunque los personajes de Swordcrossed son adorables, creo que parte de lo que hacía destacar The Last Binding era el mundo mágico en el que se desarrollaba la historia, perfectamente reconocible como un trasunto del Reino Unido a principios del siglo pasado, pero imbuido de esa magia feérica que tanto se agradece. En cambio, en esta nueva novela, el mundo secundario tiene solo de “extraño” las distintas religiones a las que va haciendo mención. Y ya está. No hay magia, no hay seres extraños y la verdad, se nota cierta obsesión por el mercado de la lana que llega límites de infodumping. Y esas poquitas diferencias le quitan la posibilidad de catalogarla como fantasía histórica, que creo que sería una categoría mucho más adecuada.

Marske es una experta en el típico juego de equívocos de la ejecutiva agresiva que en vísperas de Navidad se queda atrapada en Vermont, pero se lo lleva a su terreno queer de una forma admirable. Además, las escenas salaces que ya son su marchamo de calidad aquí están perfectamente narradas y salpicadas por todo el libro. ¿Qué es lo que falla entonces? Pues sobre todo, que es tremendamente previsible, tanto el desarrollo como el final. Apenas hay tensión de cualquier tipo a lo largo de las casi cuatrocientas páginas de la novela. La única que hay, y se resuelve bastante rápido, es la tensión sexual entre los protagonistas, que pasan de ser supercuquis a darse como a cajón que no cierra.

Las intrigas económicas que sustentan el conflicto por el que se llegan a conocer los personajes son tan transparentes, que la verdad, en vez de intrigas parecen juegos de patio de colegio. Y las relaciones familiares, pues qué queréis que os diga, todo maravilloso y estupendo y un mundo de la piruleta mientras la empresa familiar supuestamente se ha ido tan al garete que la única solución es un matrimonio de conveniencia. No sé, esperaba algo más de conflicto o de angustia.

Espero que este libro sea solo un pequeño tropezón en la prometedora carrera de la autora, así que mejor leed la trilogía The Last Binding que esa sí que mola.

The Trials of Empire

Me quedaba pendiente la lectura de The Trials of Empire cuando se anunció la futura publicación de Grave Empire, situada en el mismo universo que la serie Empire of the Wolf, pero varios siglos en el futuro. Para estar preparada para cuando se publicara me leí The Trials of Empire, que mantiene bastante bien el tono descarnado de las dos entregas anteriores y se centra mucho tanto en el sistema legal que permite seguir funcionando al imperio como en la lucha moral que significa que los “buenos” tengan que recurrir a herramientas “malas” para conseguir su objetivo, so pena de que el mal triunfe.

Como el resto de los libros, seguiremos siendo testigos de la vida de Sir Konrad Vonvalt, a través de los ojos de Helena, su adjunta. En esta ocasión Richard Swam hace muchísimo más hincapié en los juicios de valor morales a los que se han de enfrentar ellos y sus aliados intentando que se mantenga el Imperio, no porque sea un buen sistema, si no porque es el más justo al que ha llegado la humanidad y cualquier otro estaría sujeto a las veleidades de los superiores. Este constante debate sobre la superioridad moral o la búsqueda del mal menor es la base que sustenta todo el libro y me parece que está muy bien traído. Además, hay algunas escenas de juicio que harán las delicias de los seguidores de los procedimentales judiciales, de los que debe haber muchos porque nunca dejan de sacar series de abogados.

También es cierto que el autor decide abrazar directamente la crueldad, la violencia y casi el gore en las muchísimas escenas de batalla que trufan la novela, que con casi 500 páginas no es precisamente corta. Y es que claro, cuando las fuerzas infernales toman cartas en el asunto, no quedará títere con cabeza o soldado sin evisceración narrada en directo. Esta parte quizá sea demasiado truculenta para los estómagos más delicados, pero es que nos encontramos ante una fantasía que se toma muy en serio las consecuencias de los actos, ya sean legales o físicas. Y es imposible que una batalla campal donde la magia es eterna protagonista y hay tanto thralls como cañones y pólvora y dominación mental, no se convierta en un baño de sangre. Esto es una fantasía adulta con todas sus consecuencias.

Algunos elementos que me parecen peor resueltos son la historia romántica (por llamarla de alguna manera) entre Sir Konrad Vonvalt y Helena, que prometía mucho más de lo que acaba ofreciendo. Tampoco el ritmo de la primera parte del libro me ha parecido correcto, sobre todo porque la búsqueda de aliados para la lucha, aunque entiendo que es necesaria, me parece que se salía un poco del modelo de “investigación y resolución” marcado en las anteriores entregas de la saga. Algunos reseñadores han comparado The Justice of Kings con Sherlock Holmes y no es una idea descabellada, pero en The Trials of Empire cualquier similitud desaparece.

The Trials of Empire es un muy digno final para una trilogía que empezó ciertamente titubeante, pero que creo que vista como un todo merece la pena.

The Fury of the Gods

Esperaba mucho del final de la Bloodsworn Saga, de John Gwynne, porque sus dos primeras entregas me habían parecido todo un compendio de lo que se puede desear en una fantasía épica nórdica. Y aunque The Fury of the Gods cierra prácticamente todas las tramas e hilos abiertos con anterioridad, el libro en sí me ha parecido demasiado procedimental, en el sentido de que sigue un esquema bastante rígido (viaje, encuentro, batalla, vuelta a comenzar) que no es lo que hubiera deseado para rematar la historia.

Entiendo que Gwynne tenía el destino al que se dirigían sus personajes ya pensado de antemano, pero el camino que siguen para llegar a ese final épico es en lo que no ha brillado tanto. Tenemos un montón de batallas sangrientas, muchísimas y ahí se explaya el autor sin perder un ápice de su crudeza y verosimilitud, pero es en los interludios entre lucha y lucha, donde son más importantes los diálogos y las tramas cuando vemos que el libro se sostiene a duras penas. Una verdadera lástima porque los personajes que hemos visto merecían un final mejor, o al menos, mejor narrado. Da la impresión de que ha cogido un calco y ha aplicado el mismo esquema a todos los desenlaces, en bucle: aquí se pelea, aquí se consigue la venganza y aquí se comen las perdices. Me ha parecido tremendamente repetitivo, la verdad.

Esto no quiere desmerecer la serie, ni quiere decir que el libro no tenga momentos cautivadores, como la decisión que toma Elvar y que le dará su sobrenombre para la eternidad, cambiando totalmente el balance de fuerzas y el futuro de todos. Es solo que las ideas tan buenas con las que contaba desde el principio se ven lastradas por una ejecución no sé si torpe, pero sí bastante mejorable. No estoy diciendo que toda la fantasía tenga que hablar necesariamente de la lucha de clases y de sistemas políticos y organizativos, pero si el punto sobre el que pivota la novela es esta decisión de Elvar… a lo mejor un poquito más de controversia o de diálogo o de confrontación hubiera sido adecuado. ¿Es que a nadie se le había pasado antes por la cabeza que la forma de ganar poderosos seguidores era esa?

Una novela que, por desgracia, hace que baje mi apreciación general de la saga, que hasta esta entrega era altísima.